viernes, 22 de septiembre de 2017

Adiós verano, adiós

Paula ha querido guardar sus recuerdos de verano en una caja de galletas, metálica y con dibujos.

A la noche, cuando le he preguntado qué había guardado en ella me ha respondido que era un secreto. Cuando el abuelo se ha puesto los auriculares de escuchar la radio, la nena se me ha acercado; y poniendo su boca en mi oído me ha explicado los tesoros que no quiere perder de este verano.

Ha ido recitando, con su mano haciendo pantalla para proteger sus palabras, una retahíla de frases entre las que tomaba aire, con cara de concentración. Creo que han sido estas: "Las muecas que he hecho con el niño holandés, las cosquillas de una ola en mi barriga, el frío de una gota de helado en mi pie, tus buenas noches con beso, el abrocharme las sandalias del abuelo, las arrugas de mis dedos tras los baños, la emoción de los castillos de arena perfectísimos, la luna escondida tras las nubes, el olor a mar con viento, el mirar del gato de tres colores que no se deja tocar, las carreras con el perro de los franceses y el sabor de la horchata del bar Gloria".

Guardaré la caja en su cuarto, que mira al mar, hasta el año que viene. Otro verano que se nos va.

Albada

miércoles, 13 de septiembre de 2017

Otras realidades. El Secreto.

En la sala de espera nº 4 del Hospital psiquiátrico San Serénese Oiga, había 7 personas aguardando su turno, cada uno de ellos sumido en sus pensamientos y algunos dejando ver sin remedio los efectos secundarios de la medicación ingerida.

Tras un largo silencio absoluto, se abrió la puerta chirriando y todos vieron entrar en la sala a un perro mestizo ataviado con bata blanca que arrastraba por doquier y que saludó con voz grave dando los buenos días en perfecto castellano, además anunció con tono amable,que Prudencia Martín podía pasar después de que saliera Mariano Cosos y apuntó con una amplia sonrisa,que a los demás los irían llamando por orden de consulta. Con las mismas.giro sobre sus cuatro patas y salió de la sala con paso firme y tranquilo dirigiéndose a la consulta 2B.

Todos ellos quedaron ojipláticos y boquiabiertos, pero solo durante un instante,pues uno de los pacientes se puso en pié y dijo en voz alta: _He visto su pelaje y era de color verde césped...Todos se miraron con complicidad unos a otros y guardaron el secreto.

Carmine

Otras realidades. El Secreto.

En la sala de espera nº 4 del Hospital psiquiátrico San Serénese Oiga había 7 personas aguardando su turno, cada uno de ellos sumido en sus pensamientos y algunos dejando ver sin remedio los efectos secundarios de la medicación ingerida.

Tras un largo silencio absoluto, se abrió la puerta chirriando y todos vieron entrar en la sala a un perro mestizo ataviado con bata blanca que arrastraba por doquier y que saludó con voz grave, dando los buenos días en perfecto castellano, además anunció con tono amable, que Prudencia Martín podía pasar después de que saliera Mariano Cosos y apuntó con una amplia sonrisa,que a los demás los irían llamando por orden de consulta. Con las mismas,giro sobre sus cuatro patas y salió de la sala con paso firme y tranquilo dirigiéndose a la consulta 2B.

Todos ellos quedaron ojipláticos y boquiabiertos pero solo durante un instante, pues uno de los pacientes se puso en pié y dijo en voz alta: _He visto su pelaje y era de color verde césped...Todos se miraron con complicidad unos a otros y guardaron el secreto.

Car e

domingo, 10 de septiembre de 2017

Reunión de señoras

Todos los días a la misma hora, como un ritual, primero el mantel, porcelana francesa, exquisiteces varias marcaban la hora del té. Exactamente a las cinco de la tarde, llegaban una a una cinco señoras, hacía más de diez años, una a una se sentaban a la mesa y sin hablar una palabra tomaban el té.
Hasta que sucedió lo inesperado, la más anciana no se presentó a la cita. Se miraron asombradas las cuatro restantes y comenzaron a hablar y reír sin parar.


Ana María Caillet Bois

jueves, 20 de julio de 2017

Entre iguales

Mojaría la cama sin el beso de buenas noches. Despertaría bañado en sudores, berreando, y no podríamos avanzar con nuestros experimentos. Por eso ella le estampa un beso en la frente antes de fijarle a las sujeciones de la cama.
Hasta ahora los resultados de nuestros trabajos son positivos. El engendro se muestra conforme. Monitorizamos sus pesadillas plagadas de apuñalamientos, naufragios y patéticos dictadores. A pesar de todo, él despierta sonriente al nuevo día, lleno de candidez y esperanza. No entendemos sus procesos internos pero hemos hallado un lejano planeta azul donde enviarle. Creemos que allá podrá ser feliz.



La lengua salvada (Mikel Aboitiz)

lunes, 17 de julio de 2017

¡Vuelve Relatarium!

Tras unos meses en los que la tecnología nos ha jugado una mala pasada, ¡volvemos a poder escribir relatos en Relatarium!

Hemos acompañado este regreso con algunos pequeños cambios en el formato, realmente mínimos para no perder la esencia de Relatarium.

Estaremos al tanto en las próximas semanas por si se produjeran algunos efectos no deseados, y si así fuera os pedimos desde ya disculpas, pero no queríamos demorarnos más en volver a nuestra ventana de publicación.

Un abrazo literario.

280 y punto

martes, 4 de julio de 2017

Cuento estival

La casa de los abuelos era oscura. Oscura y fría, no fresca, fría.
O al menos eso me parecía a mí, además era silenciosa… y oscura y fría.
Mi madre se zafaba de mí unos días en verano, con el pretexto de que me sentaría divinamente el aire del pueblo. 
Mis llantos inconsolables conmovían al cielo, pero no a mi madre, así solo me quedaba contar los días para la vuelta.
Una tarde de febrero mamá me contó que el abuelo se había ido al cielo, con las nubes, los ángeles y esas cosas que se supone que hay en el cielo.
Pensé, en mi ingenuidad, que eso terminaría con mis “vacaciones rurales” pero no, el julio siguiente volvió a la carga, así que, resignada me preparé para la partida.
Desde  la puerta ya  noté algo raro, olía a bizcocho ¡vaya sorpresa!
Pero no era el único cambio, la abuela salió a darme un abrazo y llevaba un vestido nuevo…como lo oyen… nueeeevo.
Desde entonces pude jugar al balón en el patio, invitar a mis amigos a merendar, incluso ir a la poza en bici.

Seguro que el abuelo era un buen hombre, seguro que hizo muy feliz a la abuela y posiblemente me quería a su manera. O no.

jueves, 27 de abril de 2017

Vamos a pintar

Me llamo Marta y tengo 8 años.

La seño nos ha mandado pintar a la familia… allá voy.

Primero mi hermana; la pondré berreando que es lo único que sabe hacer. Yo creo que es lela o algo así porque ni habla, ni juega, ni ná. Pipo, nuestro perro, es por lo menos diez millones de veces más listo que ella, pero eso no lo digo en casa porque cobro seguro.

Aquí en este lado voy a poner a los abuelos con la merienda que es como están siempre cuando salgo del cole… yo les quiero montón, pero son bastante pelmas; todo el día: que no corras, que no te metas en los charcos, que te abrigues; un rollo.

En el medio me voy a colocar yo para que se me vea bien; voy a dibujar también mi bici que es como de la familia.

A mamá le voy a dibujar corriendo, cargada con el ordenador, con mi cartera del cole, los bolsa de los pañales de Sara y contestando al móvil: “llego en 30 minutos, ¡!!QUE OS CALLEIS!!! (eso nos chilla a nosotros, luego sigue suav ecito) … estoy ahí en un segundo”

Ya sólo me falta papá; voy a ponerle leyendo el periódico con cara de cansado. Papá tiene siempre cara de cansado porque trabaja mucho, quiero decir, que trabaja mucho fuera de casa.

Yo creo que lo he bordado, soy un crak

martes, 14 de marzo de 2017

Al viajero desconocido


El azar, siempre enredando en las cosas de los humanos, consiguió que después de un viaje en avión, regresara a casa con una maleta, idéntica a la mía, pero ajena.

Y así, casi sin darme cuenta, me colé en una intimidad de un desconocido.

Superada la sorpresa inicial  de ver que todo lo que aquel equipaje contenía no era mío, los objetos inertes empezaron a cobrar vida y  fui dibujando un retrato.

Era un hombre, eso estaba claro, las ropas bien dobladas indicaban que era ordenado y riguroso.  De la calidad de su ropa deduje que tenía gustos sencillos y medios suficientes pero no sobrados, era buen lector, de cierta edad (medicamentos) pero no demasiada (preservativos) y bastante generoso (regalos) pero sin pareja (todos los obsequios eran para niños)

Estas conclusiones, seguramente erróneas, dispararon mi curiosidad y me obligaron a preguntar a la empleada de la compañía aérea si era posible conocer la identidad del otro damnificado. Contestó, por supuesto, con una airada negativa.

Y ahora aquí me tienen; deshaciendo mi aburrida maleta y pensando que, otra vez,  he perdido la ocasión de encontrar a mi media naranja.
desasosegada